¿Por qué Ieshúa sanó usando su saliva?
La mayoría de este artículo fue escrito por Daniel Thomson.
LAS BUENAS NUEVAS según Jn registran que mientras en Jerusalén Ieshúa escupió sobre la tierra, creando lodo, y luego se la aplicó a los ojos de un ciego. En las buenas nuevas según Mc, leemos acerca de otro ciego que fue traído hacía Ieshúa en Betsaida, y Ieshúa simplemente escupió sobre sus ojos y lo sanó.
Las buenas nuevas según Mc también registran que Ieshúa metió sus dedos en las orejas y con su saliva tocó la lengua del hombre sordo.
Cuando uno piensa al respecto, un obrador de milagros se gana la atención simplemente mediante la realización de un milagro. Pero la pregunta ideal es, ¿Por qué Ieshúa hizo esto? ¿Por qué usó su saliva para sanar a estos enfermos?
Por otra parte, cuando una sociedad, tal y como la de la época del segundo templo, donde Israel ya había comprendido y evitado los problemas de la impureza ritual, es lógico pensar que alguien que sanara a otra persona usando su propia saliva no iba a pasar desapercibido.
¿Pudo Ieshúa solamente haber dado la orden para sanar a estos tres hombres?
Si la respuesta es sí, ¿Por qué él escogió este método? ¿Habrá algún mensaje detrás de todo esto?
La respuesta es evidente, por lo atestiguado en el Nuevo Tesamento. Es obvio que Ieshúa sí pudo haber sanado a estos tres hombres con tan solo haber dado una orden divina, por ejemplo, en una ocasión Ieshúa sana a un paralítico simplemente diciéndole: "¡Levántate, toma tu catre y vete a tu casa!" (Mt 9.6) Y a Lázaro lo resucitó diciendo: ¡Lazar, ven fuera! (Jn 11.43).
Pero Ieshúa escogió escupir con la finalidad de mandar un mensaje de gran importancia y relevante acerca de su ascendencia y su posición como el único hijo legítimo de su Padre celestial.
Era concebible en los tiempos antiguos que un hombre tuviera varios hijos con distintas esposas. Abraham envió lejos a sus esposas e hijos de Isaac para que quedara claro quien era su heredero. De vez en cuando un hijo reclamaba y ponía en duda quien era el heredero. Una razón para disputar la demanda era la ilegitimidad (ya sea que el hijo haya nacido dentro o fuera del matrimonio). El escritor de la carta a los Hebreos habla de cómo nosotros podemos conocer si verdaderamente somos hijos de Dios; porque somos disciplinados por él, y por nuestra actitud y nuestras obras. Un hijo ilegítimo no es criado de esta manera.
La tradición judía enseña que en casos de disputa con respecto a la herencia, Dios tenía una prueba que sobrenaturalmente revelaba quien era el heredero legal; el heredero de la autoridad de la primogenitura y la herencia de las propiedades familiares.
La gente de la época del segundo templo estaba consciente y enterada de esta tradición de Israel, la cual decía que la saliva de un primogénito legítimo tenía características curativas contra las lesiones y las enfermedades. Una vez que la saliva del hijo en disputa ungía el miembro afectado, la sanidad se esperaba que tuviera lugar. Si legalmente él no era el primogénito, la saliva no tenía ningún efecto.
El Talmud dice:
Cierta persona vino una vez delante de R. Janina y le dijo, ‘Estoy seguro de que este hombre es el primogénito’. Él le respondió, ‘¿De dónde sabes esto?’ Otros le respondieron, ‘Porque cuando la gente venía a su padre, él solía decir: ‘Id a mi hijo Shijat, quien es primogénito y su saliva sana’. ¿Podría haber sido primogénito solamente de su madre? — Hay una tradición que dice que la saliva del primogénito del padre es curativa, pero que la del primogénito de la madre no lo es. (Talmud de B. tratado Bab Batra 126b)
Hubo algunos en la época del segundo templo que creyeron y siguieron a Ieshúa, pero también hubo algunos que no. Lo principal entre sus inquietudes eran las interrogantes acerca de su linaje. Después de todo, José y María reconocieron abiertamente que José no era el padre biológico de Ieshúa (Mt 1.25)… y también que María nunca había tenido relaciones sexuales antes de estar casada con José (Mt 1). Sin embargo, Ieshúa claramente había sido concebido y nacido… y de alguna manera alguien tenía que ser su padre, pero ¿quién?
Otro factor que debe de considerarse es el hecho de que desde el principio los enemigos de Ieshúa lo insultaron como mamzér (bastardo). Por ejemplo, en Jn 8.41 los adversarios de Ieshúa insinuaron que lo veían a él como un "hijo de fornicación". Por otra parte, en los tempranos escritos rabínicos (como en el Toldót Iéshu; una obra fraudalenta que levanta falso testimonio en contra de Ieshúa) Ieshúa es llamado por ellos un mamzér (bastardo). Estos ataques muestran el hecho mutuamente aceptado de que José no era el padre biológico de Ieshúa, más sin embargo, también con estas acusaciones estas personas no lo consideraban a él como un hijo legítimo, ni como primogénito legítimo, y por razones obvias tampoco como heredero.
Lamentablemente, en la actual sociedad estos temas pasan por desapercibidos. Sin embargo, en aquel día tenía todos los ingredientes de un horrible escándalo con ramificaciones reales de por vida. Sin embargo, Ieshúa también negó tener un padre terrenal. Él dijo que había venido del Padre celestial: Dios. Si él hubiera sido un pecador, o el producto de un pecado, o no hubiera sido el primogénito legítimo de un padre, no se habría esperado que sanara a alguien, ya que Dios es la fuente de toda sanidad.
Este es el contexto de los capítulos 8 y 9 del libro de Jn. Una lección más grande es dada por Ieshúa en lugar de solamente una serie de sanidades. En el capítulo 8 dice que Ieshúa habló extensamente acerca de donde él venía, y cuando habló acerca de su Padre, la respuesta de la audiencia fue "¿Dónde está tu padre?" (Jn 8:19), insinuando de esta manera que Ieshúa no tenía un padre legítimo, ya que estaba rodando el falso rumor que decía que él había nacido de fornicación. Por eso en el verso 41 los detractores de Ieshúa insinuaron que lo veían a él como un "hijo de fornicación". No fue casualidad que en ese momento, después de esas discusiones, en ese mismo día, vieron a un hombre ciego y le preguntaron sus discípulos a Ieshúa: "¿Quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" (Jn 9.2 y vr. 34). Ieshúa inmediatamente respondió la causa de la ceguera de esta persona, y demostró algo que hablaba algo convincente acerca de su procedencia, primogenitura, su legitimidad como hijo y su derecho como heredero.
Ieshúa demostró que su saliva contenía propiedades curativas, presentando una situación sin salida para aquellos que eran sus detractores y enemigos al sanar al ciego con su propia saliva (Jn 9.15). De acuerdo a la tradición judía, cualquiera cuya saliva podía sanar de esta manera demostraba de manera sobrenatural y como una revelación directa del Cielo, que él era un hijo primogénito y heredero legítimo. Pero ¿Cómo podía Ieshúa no tener un padre terrenal, y al mismo tiempo demostrar mediante este milagro proveniente del Cielo, que él, de manera legal, era primogénito y heredero?
Esto solo puede tener sentido si sus declaraciones acerca de su procedencia eran verdaderas. Que él era heredero único y verdadero del Padre del cielo, legítimo y sin tacha, la Fuente de toda sanidad y restauración.
Es debido a esta prueba divina que los fariseos se alborotaron de tal manera cuando se enteraron de esto, interrogaron al joven ciego que había sido sanado, e incluso a sus padres. Y si prestamos atención a las palabras de los fariseos al interrogar al joven que había sido sanado por la saliva Ieshúa, la pregunta que ellos formulaban repetidamente se enfocaba en el método que Ieshúa usó para sanar al ciego: ¿Cómo te fueron restaurados los ojos? (Jn 9.10; Jn. 9:15) y en el verso 26 le volvieron a preguntar: "¿Qué te hizo? ¿Cómo te restauró los ojos?" (Jn 9:26), esta serie de preguntas formuladas por los fariseos fue porque ellos quedaron sin palabras y asombrados de que Ieshúa, a quien ellos falsamente acusaban como hijo de fornicación, había sanado a un ciego con su propia saliva, es decir, Ieshúa para este tiempo ya había hecho muchos milagros, y los fariseos estaban conscientes y enterados de esto, pero este milagro confirmaba que él realmente era quien dijo ser, el Hijo de Dios, el Primogénito del Santo bendito sea. Por eso los fariseos perturbados deseaban matarle. Por esta razón surgió de parte de ellos la serie de preguntas hechas al joven que había sido sanado por la saliva de Ieshúa, y llegaron a tanta insistencia que el joven les dijo: "Ya se los he dicho y no escucha. ¿Por qué quieren oírlo otra vez?" (Jn 9.27).
Este milagro fue especial, pues confirmó lo dicho por Ieshúa cerrando la boca de todos aquellos que falsamente lo acusaban como “hijo de fornicación”. Mediante este milagro cerró la boca de todos sus detractores que lo atacaban y ofendían con calumnia y falso testimonio, y lo más maravilloso es que aquello que había sido dicho por boca de Ieshúa acerca de su procedencia, que él era el Hijo Dios, su heredero y primogénito, había sido confirmado por el mismo Dios.
La conclusión de la historia es de alegría pero al mismo tiempo es de tristeza. Como suele suceder, de gran parte de la humanidad pocos decidieron creerle a Ieshúa; la mayoría no le creyó. El hombre ciego que fue sanado por medio de su saliva creyó, pero la duda expresada por las otras personas manifiesta que ellos no creyeron y no pudieron armonizar el conflicto; ellos le dijeron al ciego que había sido sanado: "Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés, pero éste, no sabemos de dónde es." (Jn 9.29). La procedencia de Ieshúa no fue resuelta en sus mentes, ni en sus corazones. Su reclamación como el primogénito de Dios fue validada sobrenaturalmente por su Padre, por el mismo Cielo, pero ellos aún no creyeron lo que sus oídos escucharon, y lo que sus ojos vieron (Is 6.10). A causa de que ellos declararon tener la habilidad de poder ver con claridad, permanecieron cegados de la identidad deI Ieshúa, su naturaleza, y el propósito que él tenía al venir a la tierra.
El procedimiento que Ieshúa usó para sanar al ciego, reveló quien realmente era Ieshúa, por eso él dijo: "Las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí." (Jn 10.25).