Sobre esta Roca edificaré mi Asamblea (Eklesia)
- Arturo Soto

- 12 abr 2024
- 9 Min. de lectura
Actualizado: 10 may 2024
Historia de Cesarea de Filipo
Para comprender todo lo sucedido en este encuentro entre Yeshúa y sus discípulos, es necesario conocer el contexto donde Yeshúa decide llevar a sus discípulos y formular la pregunta más importante del Evangelio: "¿Quién decís vosotros que soy yo?".
Cesarea de Filipo, situada en una zona exuberante a los pies del Monte Hermón, era una ciudad dominada por actividades inmorales y adoración pagana. Cesarea de Filipo estaba a solo veinticinco millas de las comunidades religiosas de Galilea. Sin embargo, las prácticas religiosas de la ciudad eran muy diferentes de las de las cercanas ciudades judías.
En tiempos del Tanáj (Antiguo Testamento), el área noreste de Israel se convirtió en un centro para la adoración de Baal. En la cercana ciudad de Dan, el rey israelita Jeroboam construyó el alto lugar que enfureció al Dios de Israel y eventualmente llevó a los israelitas a adorar falsos dioses. Jueces 3:3 y 1 Crónicas 5:23 mencionan ambos a "Baal Hermón", una deidad cananea que vivía en el Monte Hermón. Baal se consideraba el dios más poderoso entre los dioses de la región. Pero los reyes de esa montaña en el norte, el Monte Hermón, no lograron ganar la pelea, según los Salmos. Con el tiempo, la adoración a los baales fue reemplazada por la adoración a dioses griegos de la fertilidad.
Cesarea de Filipo, que se encontraba en una zona exuberante cerca del pie del Monte Hermón, se convirtió en el centro religioso para la adoración del dios griego, Pan. Los griegos nombraron la ciudad Panias en su honor. Pan era el dios griego de los bosques y los lugares desérticos, así como de los rebaños y los pastores (Wilson, Cesarea Philippi, 3). Se representa como un ser mitad hombre mitad cabra, con cuernos y patas de cabra, y una flauta que él interpreta. Era tan de mal aspecto, que la leyenda dice que sus padres lo abandonaron (Farnell, p. 431). Se dice que infundía temor a los ejércitos enemigos (Herodoto, Historias 6.105), de aquí proviene el castellano “pánico”.

Después de la muerte de Alejandro magno y varias décadas de agitación política, el Mediterráneo oriental fue parcelado entre Ptolomeo y Seleuco, dos de los generales de Alejandro magno. Ptolomeo tomó control de Egipto y Seleuco estableció su mandato sobre Siria y las regiones geográficas próximas. Durante el siglo siguiente, sus sucesores pugnaron por controlar lo que había sido Israel. Durante el tercer siglo a.C., los ptolemaicos dominaban el territorio. El balance de poder cambió en 198 a.C. cuando Antíoco III (un seléucida) derrotó al general egipcio Scopas en este lugar Paneas (así llamada en honor al dios Pan). Junto con las olas de conquista militar llegó la conquista cultural acompañante. Dioses de Grecia en profusión fueron añadidos a los lugares sagrados que ya estaban bien establecidos.
Años más tarde, cuando los romanos conquistaron el territorio, alrededor del 20 A.C., Augusto cedió el distrito de Panias a Herodes el Grande. Herodes construyó un templo de mármol blanco y se lo dedicó a Augusto (llamado Paneas y Panium por Josefo; Antigüedades 15.10.3 360–61, 363–64; Guerra judía 1.21.3 404–405). Después de la muerte de Herodes, el área fue entregada a su hijo Filipo (Antigüedades 17.8.1 189). Herodes Filipo reconstruyó la ciudad y la nombró en su honor. Pero Cesarea de Filipo siguió enfocándose en la adoración de dioses griegos.

La ubicación de Cesarea de Filipo era especialmente única porque se encontraba al pie de un acantilado donde fluía agua de manantial, y allí la gente local construyó santuarios y templos para Pan. En un momento, el agua corría directamente desde la boca de una caverna situada en la parte inferior del acantilado.


Los paganos del tiempo de Yeshúa creían comúnmente que sus dioses vivían en el inframundo durante el invierno y regresaban a la tierra cada primavera. Veían el agua como un símbolo del inframundo y pensaban que sus dioses viajaban hacia y desde ese mundo a través de cavernas. Sobre la caverna en Cesarea de Filipo (Panias), Flavio Josefo dirá que en la caverna la gran roca, había una un abismo, cuya profundidad no podía ser medida ni por cordel.
Según las creencias de la gente de Cesarea, este abismo llevaba hacia una de las puertas por las que se entraba al infierno (Hades para los griegos, Sheol para los hebreos). Para la mente pagana, entonces, la caverna y el agua de manantial en Cesarea de Filipo creaban una puerta al inframundo. Así esta caverna estaba considerada por la mente pagana como la entrada al Hades, el inframundo griego. Aquí es donde los devotos de Pan arrojaban sus sacrificios de cabras al dios Pan. Si el sacrificio de la cabra flotaba, sin hundirse en las aguas aparentemente sin fondo, entonces Pan estaba enojado y no se aplacaba con la ofrenda; si se hundía en el abismo, entonces era aceptado por el Hades (infierno) y Pan.

El dios griego Pan era uno de los pocos dioses que podía cruzar al Hades y regresar a la tierra. ¿Por qué? Porque era hijo de Hermes, hijo de Zeus. Hermes era el dios que guiaba las almas de los muertos al Hades. Así que su hijo Pan vagaba cerca de los umbrales de ese reino con la libertad de entrar. Es probable que Hermes mismo sea la inspiración para el nombre de la montaña. Deuteronomio 4:48 nos dice que los hebreos llamaron primero a la montaña "Monte Sión". Y continúa explicando que el Monte Sión llegó a ser conocido como Hermón. Los santuarios de Pan y Hermes, tallados en la cara de la roca, demuestran su influencia.

Para la mente pagana, entonces, la caverna y el agua de manantial en Cesarea de Filipo creaban una puerta al inframundo. Creían que su ciudad estaba literalmente en las puertas del inframundo, las puertas del infierno. Para atraer el regreso de sus dioses Zeus, Hermes y Pan, cada año, la gente de Cesarea de Filipo participaba en actos horribles, incluida la prostitución y la interacción sexual entre humanos y cabras.
Así el sitio era famoso en el mundo antiguo como centro de adoración a Pan y por un templo al dios supremo Zeus. Nichos de adoración para estos y otros dioses menores (ninfas) estaban tallados en esta gran roca del monte Hermon, a un lado de estos templos. Entre ellos estaba Zeus, Hermes, Eco, Hades y Némesis (Maoz, “Banias,” p. 140.). La estatua de la ninfa Eco también fue hallada en este sitio, Eco era una ninfa que habita en las cavernas, grutas y cuevas, de donde proviene nuestro uso de la palabra "eco" que es la repetición de un sonido producida al ser reflejadas sus ondas por un obstáculo, en lugares como cuevas y cavernas. La notable presencia de múltiples templos sugiere que el panteón griego estaba bien representado en este lugar.
Tenemos presente ante los ojos de los discípulos de Yeshúa un centro de culto mayor con tres templos, y con todo tipo de culto a los dioses griegos. Antes del período helenístico, en los albores de la historia del Monte Hermon, la literatura extrabíblica, como se relata en el libro de Enoc (Enoc 6.1-6), narra el episodio en el que doscientos ángeles, seducidos por las hijas de los hombres, desafiaron el orden celestial al rebelarse y descender al Monte Hermon. Su propósito era tomar a estas mujeres como esposas y engendrar descendencia para establecer un reino en la tierra. Estos son los ángeles que cuenta Gn 6.1, que: “viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas” (Gn 6.1). El libro de Enoc dice que en el momento que los ángeles tomaron a las mujeres de la tierra, mutaron gigantes, en hebreo Nefilím: “Y quedaron embarazadas y dieron a luz grandes gigantes” (1Enoc 7.2). El mismo relato aparece en Gn 6: “tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas”; “los gigantes estaban en la tierra en aquellos días, y también después, porque se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron a ellos” (Gn 6.11). La epístola de Judas proporciona la misma información que se tenía en el Siglo I, acerca de estos ángeles: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas” (Jud 6-7). En 2 Pedro, la información es extendida: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno (gr. Tártaro) los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (2 Pedro 2:4). Según el historiador judío-romano del siglo I, Flavio Josefo, los judíos identificaban a los dioses griegos del Olimpo con estos ángeles que se rebelaron al reino del Cielo. Josefo menciona: "Muchos ángeles de Dios convivieron con mujeres y engendraron hijos injuriosos que despreciaban el bien, confiados en sus propias fuerzas. Según la tradición, estos hombres cometían actos similares a los de aquellos que los griegos llaman gigantes" (Josefo, Ant. 1.3.1). Los que alguna vez fueron ángeles y se rebelaron contra Dios y su reino celestial, fueron tomados por dioses por la gente ignorante.
En un día como domingo, estos templos eran visitados por multitudes de personas a ofrecer sacrificios y culto a estos dioses. Era un lugar que podría considerarse altamente idólatra y pagano.

Yeshúa eligió dar un tipo de "discurso de graduación" a sus discípulos en este lugar, Cesarea de Filipo. En ese entorno idólatra y pagano, animó a sus discípulos a construir una asamblea (gr. eklesia) que superara los peores males. Cuando Yeshúa llevó a sus discípulos al área, deben haberse sorprendido. Cesarea de Filipo era como un distrito rojo en su mundo y los judíos devotos habrían evitado cualquier contacto con los actos despreciables cometidos allí.
Yeshua toma a sus discípulos a este sitio, probablemente los lleva a un lugar donde esta gran roca tallada de paganismo e idolatría podría verse a distancia, pues era bastante obvia y vistosa. Los discípulos ven las atrocidades que las multitudes realizan con el fin de satisfacer a sus dioses. Gente con instrumentos en la plaza de los tres templos, sirviendo a los dioses griegos representados en este lugar, con flautas que evocaban al dios Pan y otros dioses del panteón griego.
La ciudad era un centro de idolatría, sumida en el paganismo, donde los habitantes buscaban ansiosamente el contacto con el inframundo, y las puertas del Hades (infierno).
Yeshúa presentó un claro desafío con sus palabras en Cesarea de Filipo: no quería que sus seguidores se escondieran del mal; quería que asaltaran las puertas del Hades.
Parado cerca de los templos paganos de Cesarea de Filipo, Yeshúa preguntó a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" Pedro respondió audazmente: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente". Los discípulos probablemente se sintieron conmovidos por el contraste entre Yeshúa el Hijo del Dios verdadero y vivo, y las falsas esperanzas de los paganos que confiaban en dioses "muertos".
Yeshúa continuó: "Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi asamblea (eklesia), y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt 16:13-20).
Aunque las tradiciones cristianas discuten el significado teológico de esas palabras, parece evidente que las palabras de Yeshúa también poseían un significado simbólico profundo. Su Asamblea (eklesia) se edificaría sobre la "roca" de Cesarea de Filipo, una formación rocosa que albergaba a los dioses griegos en su caverna. Roca adornada con numerosos santuarios y nichos dedicados a divinidades paganas, simbolizando un lugar donde prevalecían valores impíos.
Las puertas eran estructuras defensivas en el mundo antiguo. Al decir que las puertas del infierno no prevalecerían, Yeshúa sugirió que esas puertas iban a ser atacadas.
Parados como estaban en una literal "Puerta del Hades", los discípulos pueden haberse sentido abrumados por el desafío de Yeshúa. Habían estudiado bajo su rabino durante varios años, y ahora él los comisionaba a una gran tarea: atacar el mal y construir la asamblea (eklesia) en los lugares más llenos de corrupción moral.
Yeshúa anuncia que su Asamblea será edificada sobre aquel centro del culto pagano que estaba construido sobre un gigantesco monolito, y Shimón Kéfa (Pedro) es una piedra de construcciónes, es decir, una piedra que servirá para la construcción del nuevo templo que es la Kahál de Yeshúa, porque el templo estaba construido “kefá al kefá”: “piedra sobre piedra” (véase Mt 24.2). Más adelante, el mismo Shimón Kéfa dice que los creyentes son piedras de construcción como él también lo es (1Pe 2). ¿Y con qué valor dirá que construirá su Asamblea en este gigantesco monolito dedicado al culto de dioses griegos? La Asamblea se infiltrará y permeará en los paganos y los gentiles serán gran parte de su Asamblea. Con precisión esto es lo que sucedió en el libro de Hechos, a Asamblea de Yeshúa se infiltró y permeó en los paganos y ellos formaron la Asamblea de Yeshúa. Con la expresión Asamblea que en griego pertenece a Eklesia, de donde proviene la palaba “iglesia”, una congregación en una unidad, proviene del hebreo Kahal y significa «convocatoria»: «los llamados»: el grupo de personas llamadas a convocarse para servir a Elohím por medio de Yeshúa serán, a efectos ilustrativos, como una construcción y el Constructor será Yeshúa, ésta no será construida sobre la arena, sino sobre la roca: algo firme, estable y perdurable.
Yeshúa aparece siempre consciente de sus poderes y de su dominio: «mis ángeles» (Mt 13,41), «mi reino» (Mt 16,28), «mi cena» (Le 14,24). Es una prueba de su conciencia y de trascendente dominio. Así promete ahora que edificaré «mi Kahál», que refiere al nuevo templo espiritual y al reino mesiánico.
En una ciudad llena de dioses falsos, Yeshúa pidió a sus seguidores que se comprometieran con el único Dios verdadero. Mientras que los falsos dioses prometían prosperidad y felicidad, finalmente fallarían en entregar. Yeshúa no prometió una vida fácil, pero sí cumplió con la promesa de salvación; el único tipo de prosperidad que realmente importa.





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